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Cúcuta
Escuchar y acompañar en medio del dolor: el voluntariado de una psicóloga cucuteña con los damnificados del terremoto en Cali
Yenny Salinas Velásquez hace parte de la red nacional de voluntariado en psicología del país.
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José Luis Daza
José Luis Daza
Domingo, 23 de Agosto de 2026

La tragedia provocada por el terremoto en Cali dejó una profunda huella de destrucción física, pero detrás de los escombros también quedó un dolor invisible que requirió atención urgente: el impacto emocional de los damnificados.

En medio de este panorama desolador, la psicóloga cucuteña Yenny Salinas Velásquez decidió viajar desde la capital nortesantandereana hasta Cali para sumarse a la red de voluntarios encargada de brindar atención psicosocial en una de las zonas más afectadas por la emergencia.

Criada entre el barrio El Salado, en Cúcuta, y el corregimiento de San Martín de Loba, en Sardinata, creció bajo el ejemplo de unos padres campesinos trabajadores y de una madre líder comunitaria en el Catatumbo. De ellos aprendió el valor de la solidaridad y de tender la mano a quienes más lo necesitaban.

Tras superar grandes dificultades personales, logró estudiar Psicología gracias a una beca del 100 % en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).


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“Si en algún momento Dios escuchó mis oraciones y me dio la oportunidad, ¿cómo no iba yo a poner un granito de arena por otras personas?”, relató conmovida.

Al llegar a la capital vallecaucana, se integró de inmediato a una red nacional de voluntariado que agrupaba a más de 500 psicólogos de todo el país.

“Esta red opera de manera coordinada a través de grupos de WhatsApp, donde se reportan en tiempo real los puntos críticos con personas en crisis emocional. Fui asignada al sector de Tequendama, una de las zonas más afectadas y complejas de la ciudad debido a la alta concentración de clínicas y conjuntos residenciales. Allí, en jornadas extenuantes de día y noche, aplicamos los primeros auxilios psicológicos”. explicó. 

Entre el drama y el dolor, una de las situaciones que más le llamó la atención fue ver cómo personas de bajos recursos se movilizaron para ayudar a habitantes de conjuntos residenciales de sectores de mayores ingresos. “Me demostró que todavía hay esperanza”, relató.

 

La psicóloga explicó que el protocolo de atención exigía una alta rigurosidad. “Antes de intervenir, debemos evaluar la seguridad del entorno, dado que muchas estructuras quedaron debilitadas por el sismo y corren riesgo de colapso. Una vez garantizada la seguridad, se realiza el contacto con las personas en crisis para escucharlas, contenerlas y estabilizarlas”.

Cuando se presentaban casos más severos, en los que la crisis desbordaba las capacidades de atención inmediata, los pacientes eran remitidos a través de una “línea amiga” o trasladados directamente a centros médicos para ser atendidos por psiquiatras, médicos generales o personal especializado.

Las largas jornadas en los sectores afectados también la enfrentaron de cerca con la fragilidad humana. Con especial dolor recordó su primer servicio: el acompañamiento a una madre que había perdido a sus hijos en el desastre.

“Como profesional uno intenta mantener la calma, pero también soy madre de dos hijas”, confesó la psicóloga, quien tuvo que apartarse a llorar y respirar después de finalizar la sesión. “Porque ser psicólogo no significa dejar de sentir”.

El voluntariado también incluyó la gestión de almuerzos y la conformación de cadenas humanas para llevar ayudas a familias gravemente afectadas.


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“Gracias a donaciones de ciudadanos de Cúcuta, logré coordinar la entrega de 20 almuerzos para el personal y familiares en Medicina Legal de Cali, un punto críticamente saturado por la emergencia. Muchos esperan el cuerpo de sus familiares en medio del fuerte sol y sin nada que comer”.

En ese momento, tampoco descartaba trasladarse a Palmira, al sur del Valle del Cauca, para apoyar los puntos de atención que se encontraban desbordados.

“Me han invitado y creo que en los próximos días estaré por allá”.

La emergencia, que había comenzado la mañana del lunes 10 de agosto, también había evidenciado un panorama preocupante sobre el estado de la salud mental en Colombia.

La cucuteña Yenny Salina hace parte de los cientos de voluntarios que ayudan en Cali.

 

“El país no estaba preparado para afrontar una crisis de esta magnitud en términos de soporte emocional. A veces minimizamos la salud mental, tanto las personas como el mismo gobierno. Faltan profesionales en psicología en colegios y municipios”.

Salinas Velásquez reconoció que la ayuda humanitaria material había sido masiva y solidaria y que incluso había desbordado los centros de acopio. Sin embargo, insistió en que la reconstrucción real iba mucho más allá de lo material.

“Reconstruir no significa solamente levantar nuevamente las viviendas, sino también ayudar a reconstruir la confianza, la tranquilidad y los vínculos de esperanza de las familias colombianas”.


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Cuando ya se completan 13 días del devastador terremoto,  son muchas las reflexiones que hace la joven psicóloga en medio de los escombros  y la remoción de viviendas  y edificaciones que resultaron afectadas por el sismo, “el verdadero aprendizaje de esta tragedia va más allá de la práctica clínica. Se trata de entender que la psicología debe ejercerse en el territorio, donde el dolor es palpable. Las comunidades no solo enfrentan el duelo por la pérdida de seres queridos, sino también por la destrucción de sus viviendas, pertenencias, ingresos y proyectos de vida”, señaló. 

No tiene tiquete de regreso a Cúcuta, permanecerá en la zona ayudando y aportando, es consciente que la reconstrucción de una ciudad no dependerá únicamente de levantar ladrillos y viviendas, sino de sanar el tejido social, devolviendo la tranquilidad, la confianza y los vínculos de esperanza a las familias colombianas.


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